domingo, 25 de octubre de 2015

Tecnología y mujer


En la unidad 4 del MOOC "Cómo introducir la programación y la robótica educativa en todas las materias" se nos invita a reflexionar sobre lo que un plan de pensamiento computacional puede aportar para solucionar la brecha de género en el mundo de la tecnología y para el desarrollo de un nuevo modelo de mercado laboral.
Sobre ese particular comentaré mi experiencia en dos ámbitos bien distintos: teniendo en cuenta mi experiencia cuando estudiaba Ingeniería (hace ya algunos años) y confrontando dicha experiencia con mi ocupación actual, que es la de profesor de Tecnología.
En el primero de los casos he de decir que en la Escuela de Ingeniería los hombres éramos una clara mayoría. La Ingeniería en particular y las carreras técnicas en general eran los que podríamos decir "cosa de hombres".
Lo cierto es que nunca lo entendí. El trabajo de un ingeniero o un arquitecto puede ser desempeñado del mismo modo por una mujer. Es más, las chicas que estudiaron conmigo, además de ser especialmente brillantes, tenían un punto a su favor muy importante: sabían lo que querían. De lo contrario no habrían ido a contracorriente, y habrían estudiado algo que se ajustara más a lo que la sociedad esperaba de ellas: una carrera "para mujeres".
La realidad es que finalizaron sus carreras y en la actualidad muchas de ellas están trabajando para grandes empresas o enseñando Tecnología, que es justamente lo que yo hago.
Y esto nos lleva a la actualidad. Hace doce años ya, que tras ejercer libremente la profesión de ingeniero, decidí probar suerte en la educación. Doce años son suficientes para tener una perspectiva clara de cómo han ido cambiando las cosas, así que paso a comentar cómo desde las asignaturas con un perfil técnico, podemos contribuir a que se normalice el papel de la mujer en el mundo tecnológico.
En primer lugar, hay que destacar la etapa en la que la asignatura de Tecnología es obligatoria. Para muchas chicas, entre los doce y los catorce años, trabajar en el taller se antoja algo difícil: "no es lo que se espera de una chica". Pues esos miedos se disipan el primer día, ya que empleamos un método de trabajo por proyectos en el que los grupos de trabajo son lo más heterogéneos posibles (en cuestión de sexo, y en cuestión de capacidades). Es justo en ese preciso momento en el que se dan cuenta de que pueden hacer las cosas igual o mejor que sus compañeros, convirtiéndose algunas en auténticas líderes de sus equipos.
Y así llegamos a la época en la que la asignatura es optativa. Y ahí es donde he notado un cambio abismal desde la primera vez que impartí Tecnología Industrial en Bachillerato, en la que tenía a nueve chicos y a una sola chica, hasta la actualidad, en la que tengo séis chicas y cuatro chicos. Algo está cambiando, y para bien.
Las alumnas que tengo son brillantes. Las conozco desde hace cuatro años. Y en este curso, como en los anteriores, seguro que obtendrán mejores resultados que sus compañeros. Aunque no es una muestra relevante para extrapolar conclusiones, lo lógico es pensar que chicas y chicos tienen las mismas capacidades. Por eso considero que los profesores de asignaturas técnicas tenemos una apasionante labor por delante, que es la de inculcar esta idea a nuestro alumnado.
En mi caso particular, hasta hago horas extraordinarias en casa con mi hija, como se puede ver en las fotos. Y disfrutamos de esos momentos compartidos. Padre e hija compartiendo una afición.


Y he de decir que igual que le gusta montar en bicicleta conmigo, le gusta jugar con muñecas, e igual que le gusta jugar con su hermana pequeña, le gusta jugar con sus amigos mayores. No forcemos gustos en los niños, ya los desarrollarán ellos mismos. Y cuando crezcan con estas ideas interiorizadas, habremos conseguido que la sociedad sea mucho más sana y justa.

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